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Oni Acosta reconoce no dijo nombre del Bar ni del dueño porque tiene miedo

Oni Acosta Llerena

Oni dijo que el verdadero Vampiro es él, que anda al acecho de bares donde lo dejen entrar sin pagar porque el salario como locutor en el ICRT no le da para mucho. «Por eso me metí a escribir en el Granma», expresó.

El presentador cubano Oni Acosta Llerena, graduado de estudios musicales en La Habana, dijo que en la nota aparecida en días pasados en el diario Granma, titulada Música y nocturnidad: vampiros al acecho?, él no dijo el nombre del Bar ni del dueño del bar porque tiene miedo.

Acosta Llerena, devenido ahora escribidor de Culturales en el Granma, tras la partida de Michel Hernández y la metida de pata de Madeleine Sautié tras la muerte de Nicolás Dorr, dijo que pondría a disposición de todo el gremio periodístico cubano – e incluyó a Oncuba y a Milena Recio – el nombre de «la fuente» que le hizo el cuento de lo sucedido en un bar de La Habana, para que si lo deseaban pudiesen hacer #factchecking, y aseguró que en el lugar se pone música repartera.

«No puedo decir el nombre del Bar; esa gente tienen divisa y pueden contratar a cualquiera que sepa karate y me meta una maguachi en la mandíbula, o me partan el tabique como a Rodiles«, explicó a DDR.

«El dueño del Bar es un músico cubano y es amigo mío, no puedo echarlo para alante así como así, eso no se ve bien entre colegas; prefiero reservármelo, de lo contrario me cobran luego la entrada; o no me dan entrada, como cuando no me la dieron para ir a ver a Plácido Domingo,» expresó delante de las cámaras y relató la perreta que formó en noviembre del 2016.

Oni dijo que «en general» él no quiso buscarse problemas con nadie, y si tampoco dijo el nombre de la amiga que le hizo el cuento, ni de la hija – lo cual ha sido visto como una imprecisión imperdonable de su parte entre los que conocen bien, mal o regular el oficio periodístico -, fue porque una de ellas es Presidenta de un CDR y la otra la de Vigilancia, y él no quiere perder el diploma de «Destacado» que viene recibiendo desde hace ya cuatro quinquenios grises.

Con respecto a la generalización que hizo de todos los bares de La Habana, dijo que independientemente de lo que diga Mónica Baró – de quien dijo no sabe ni pitoche de música, acusó de «oído zurdo», y a quién le aseguró que le respondería un día de estos- él tuvo esa duda y la consultó con varias personas en el Granma, entre ellas a su directora Yailín Orta.

«Tanto ella, como Raúl Capote me dijeron que «mientras no tuviese imprecisiones históricas o faltas de ortografía, estaba bien.

Acosta Llerena dijo que este trabajo «era la primera parte de dos»; uno, referido a los bares privados que ponen música repartera; y otro, referente a los bares estatales donde ponen la misma música.

«El primer trabajo me lo aprobaron, el segundo no. No sé por qué, no sé decirte cómo fue; no sé explicarme qué pasó, pero puedo entenderlo, lo que no puedo decirlo,» expresó.

El conocido presentador dijo que lo de él «no son las letras, sino la TV«, y lamentó el uso de verbos similares en significados uno detrás de otro, y de comas donde no iban. Señaló que «eso es error de la editora del Granma«. Esta, entrevistada luego telefónicamente, aseguró a DDR que «hizo lo mejor que pudo con aquel mamotreto, y que si lo hizo, fue porque la ordenaron de arriba».

En cuanto al uso de una foto del Floridita en el texto, se desmarcó de la pifia, pero aclaró que seguramente la persona encargada del asunto, al ver escrito la palabra «BAR» asumió que BAR es BAR, y no aplicó el VAR, sino el conocido refrán de «chenche por chenche» o el de «verde con puntas…», y coló la foto del bar más famoso de Cuba en lugar del otro, del cual él nunca aportó ni una foto para ser pixelada.

Oni Acosta desmintió que él fuera mediocre como músico, aunque sí aseguró que desde segundo año en la Manuel Saumell, él tuvo siempre claro que no sería «nunca y jamás en mi vida un López-Nussa». Expresó además que, cuando llegó el período especial, él tuvo que dejar las musarañas para «rallar la yuca», porque la cosa estaba mala.

«Tuve que guayarla; no iba a hacerlo, pero un día vi a Enrique Molina, el actor, boteando frente al Cohíba y me embullé. No había ni piezas ni dinero para el Moskvich, y el transporte público estaba infernal», recordó con una lágrima en su mejilla.

Llerena dijo que al escribir el texto, él no quiso estigmatizar a nadie, pero sí ganarse un elogio de Iroel Sánchez, ver su texto en La Pupila Insomne, y ganarse un par de entradas al Gran Teatro de La Habana por si un día, por fin, Plácido Domingo se decide a cantar en Cuba, un magno evento que fue interrumpido – dijo – «por la gloriosa muerte del Comandante Inmortal, Fidel Castro».

Siro Cuartel

Written by Siro Cuartel

Siro Cuartel

Periodista graduado en la FCOM en la Habana y con varios doctorados en USA e Inglaterra. Ha ofrecido conferencias en más de 80 paises acerca de la importancia del humor en el periodismo diario. 45 años de edad, en estos momentos tras su más último divorcio se encuentra viviendo en unos trailers que quedan por Allapatah, en el NW de Miami. Cualquier donación es bien recibida.

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